Un viaje sin Retorno by José Hevia.

CAPITULO 1

La mañana había sido casi perfecta, luminosa, sin viento, el mar perfectamente ordenado, series de 1’5 a 2 metros rompiendo una tras otra sobre la barra simétricamente colocada.

La gente que había tenido la fuerza de madrugar surfeábamos disfrutando de verdad, cuando las olas son buenas todos sabemos surfear, el problema viene en las mierdas de olas, ahí sólo saben surfear los máquinas y ni estos lo pasan bien.

Pero, como siempre, salió el viento que nos devolvió a la realidad y a la rutina diaria, unos a currar, otros a estudiar y otros, los más, a esperar que se vaya el viento. Curiosamente yo siempre pertenecía a este tercer grupo.

Muchos días no tenía nada que ver la ola surfeada por la mañana, glassy, ordenada, semiperfecta, con lo que rompía a lo largo del día, y nosotros sabiéndolo, no aparecíamos por la playa hasta las 12 o la 1, todo por puta pereza. No obstante creo que eso lo estoy consiguiendo cambiar.

Me pasaba las horas comiéndome la cabeza con que en esos precisos momentos había en el mundo más de cien picos cayendo perfectos sobre auténticas barras de coral, con el agua a 25 grados, labios cristalinos rompiendo en ambas direcciones y cinco tíos solos, sin saber que en ese momento eran envidiados por miles de surfistas de todo el mundo. Me imaginaba las blancas playas bordeadas por la consabidas palmeras frondosas que no pueden faltar en ningún sueño de surfero que se precie. Esos sitios existen, me repetía una y otra vez, por que las fotos no son dibujos, son tomadas de la realidad y, otra cosa no, pero fotos tenía mil.

Por mucho que te digan que las fotos son los días clásicos, hechas por fotógrafos profesionales y con surfistas igual de profesionales, esos sitios existen, no hay duda, existen.

Así transcurrían los días y los meses, y desde luego era la forma en la que deseaba vivir el resto de mi vida, sólo había un problema; en ese momento no lo sabía. El hombre nunca esta contento con lo que tiene, siempre quiere más, y claro, los dioses de vez en cuando se cabrean y nos quitan por un tiempo lo que ya teníamos, viniendo el consabido “no sabía lo que tenía hasta que lo perdí” y toda tu vida se trastoca durante una temporada. Te empiezas a dar cuenta que el pico que hasta ayer abría pero que no valorabas y que se ha convertido en una barra cerrajera no estaba tan mal, sobre todo si ahora la ola más decente está a 8 kilómetros de tu casa. Con el tiempo el mar se vuelve a colocar otorgándonos una segunda oportunidad de valorar nuestra casa, lo que hacemos durante escasas tres semanas para volver a quejarnos otra vez.

Pues esto es exactamente lo que pasó haya por el año 1990, cuando hartos y aburridos de pillar a diario olas vulgares decidimos que esto no era suficiente pues el agua estaba fría, el sol salía de vez en cuando y había mucha gente en el pico, por lo que, como solían hacer los guiris que conocíamos, nos liamos la manta a la cabeza y después de ahorrar durante medio año compramos los billetes para Indonesia con la sana intención de no volver en largo tiempo.

Por fin mis sueños se iban a convertir en realidad. El problema era que realmente no me gustaban demasiado los cocos y los kiwis, pero a todo te puedes acostumbrar y si ellos viven de eso yo también, además probablemente haya MacDonals cerca, (no todo van a ser palmeras y playas).

He de decir que los billetes eran sólo de ida y por lo tanto la vuelta se complicaba pues no teníamos pensado gastar el poco presupuesto en los de vuelta. Por fin una aventura en mi aburrida vida.

Los que nos pirábamos éramos Larry, que en realidad se llamaba Lorenzo y yo. Larry era mi mejor amigo desde que con doce años empezamos a bajar a la playa con las “Jerónimo” de sus hermanos.

Esas tablas fueron de las primeras que hubo por aquí, eran enormes, pesadas, pero en la época nos parecían guapísimas, estaban shaepeadas por Wine Linch.

Probablemente ahora que vamos a viajar por el mundo le podremos conocer en Todos Santos cuando pasemos por allí, porque parece que es un habitual de ese pico, aunque, a decir verdad, ese sitio no me seduce demasiado. Fundamentalmente por dos razones:

a) En las fotos la gente sale con neopreno y escarpines lo que significa que el agua está muy fría y para eso me quedo en casa.

b) La segunda y más importante, porque una cosa es viajar y surfear y otra cosa irte a un reef en mitad del mar en el que rompe a partir de 4 metros.

Definitivamente Linch podía esperar.

Habían pasado ya 15 años desde nuestros comienzos y ambos nos considerábamos con suficiente experiencia como para surfear cualquier ola del planeta (salvo las heavys), y ahora íbamos a poder demostrarlo.

Los preparativos fueron bastante breves, billetes, pasaportes, visa de entrada a Bali, porque visa de las otras nada de nada, un quiver completo de 4 tablas por melón pues esperábamos tener que usar casi a diario como mínimo la 7 pies y poco más pues yo ya había estado en Bali y en Costa Rica y sabía que en el Ecuador lo único que necesitas es un bañador cómodo, una camisa fina de esas que usan los nativos, por que son las únicas que se soportan, y una chanclas, el resto es lastre, además siempre puedes comprar allí lo que vayas necesitando pues la vida es mucho más barata.

De hecho ya me veía cenando en bañador al lado de alguna oriental en la playa de Yimbarán comiendo pescado fresco a la plancha servido por dos locales que conocí surfeando Kuta Reef y que al día siguiente me llevarían a conocer un pico secreto en Lombock. Por cierto que Lombock tenía el problema que de vez en cuando había más de cinco personas en el agua, JA!

Una vez con todo en regla, directos a Madrid a coger el avión que nos alejaría de la rutina, el aburrimiento y la comodidad y que nos llevaría a la aventura y al paraíso. Primer destino Denpassar, luego Loombok, de ahí Java o quizás Sumbawa, no sé, ya se verá.

CAPITULO 2

La despedida.

La mañana de la partida me levante pronto, desayuné rápido y casi sin tiempo de despedirme de mi familia, me dirigí al aparcamiento de la playa donde había pasado los últimos 15 años. Allí estaba prácticamente todo el mundo, pues el mar estaba bastante bueno y era sábado por la mañana.

Creo que con mis padres he pasado más de esos últimos 15 años, pero no sé porqué egoistísima razón cuando te vas, de la familia te despides cagando leches, pero de los colegas te pones hasta blando y sensiblero y a la vuelta igual, te acuerdas especialmente de tus amigos, de la familia no demasiado, o a quien no le ha pasado de volver de cualquier viaje, tras un mes de ausencia, te van a buscar a la estación o al aeropuerto tus viejos, estas con ellos el trayecto del aeropuerto a casa y cuando llegas sales cagando leches a ver a tus coleguitas, los cuales no te echaron demasiado de menos por que nadie es imprescindible y que además vas a aburrir con tus aventuras, mientras que tu madre te escuchará con verdadera atención y hasta con angustia cuando te metiste en La Santa estando el mar de tres metros y creíste que no saldrías de allí (vivo).

Continuando con el relato, me acerqué a la furgo de Jos y metí las tablas y la mochila.

- La suerte está echada, por fin llegó el día, dijo Jos con un tono que no reconocí pues lo mismo podía demostrar alegría que enfado, tristeza, o lo más probable, envidia.

Jos tenía un curro fijo y en los tiempos que corren esto no se puede tirar por la ventana, por lo que él se quedaba, aunque por dentro estaba que se moría. Quedarse es duro si donde se van los demás es al paraíso y dependió de uno mismo quedarse, es decir, no le puedes echar la culpa a nadie, lo cual a veces es muy socorrido. En su caso triunfó la cabeza sobre el corazón, aunque realmente yo creo que lo que faltaron fueron huevos para tirarse a la piscina, que coño, sólo se vive una vez. Un curro en una oficina no te va a hacer rico y te tiene puteado 8 horas diarias. Cada mañana cuando este currando no podrá evitar pensar donde estaremos nosotros, quizás en G. Land surfeando 3 metros perfectos, Nias 2 metros facilones, Filipinas en algún pico perdido o a lo mejor ya nos hemos ido para Hawai a ver la Triple Corona, porque eso sí que es básico, Navidades en Hawai. Aquí la peña pelada de frío y yo quejándome de que este año el North Shore no es lo que era, aunque yo estuviera flipando con lo que estaba viendo, pero siempre queda muy tripero salir de Sunset cagado de miedo y comentar con tus nuevos colegas, me imagino que hispanos, “Bueno alguna cae, pero creo que le falta algo de fuerza”, mientras a tu espalda está rompiendo un serión brutal de esos que si le pilla a Jonh Boy se muere de risa, pero a ti te machacaría de tal forma que no te encontrarían de una pieza.

- Todavía estás a tiempo Jos, me consta que hay plazas en el avión, pasta tenemos para sobrevivir los tres, sólo necesitas el pasaporte e incluso eso lo podemos arreglar en Madrid.

Momentáneamente por la mente de este se le pasó tirar para adelante y venir pero otra vez la falta de cojones. Este hombre sólo los tenía para surfear pero no para enfrentarse a los retos que te lanza la vida. De una decisión como esa puede depender que seas feliz el resto de tu vida o que te arrepientas durante 40 años de lo que decidiste, pero la gente como Jos jamas sabrá que hubiera pasado si se hubiera lanzado.

- Tío, mi tren ya pasó, no me puedo ir. Bajo la mirada y salió de la furgo.

Del agua salía en ese momento el chuzos, que al verme se puso a gritar, saluda a Ketut en Uluwatu, y no te olvides de traerme todo lo que te encargue, pero sólo en el caso de que vuelvas.

El chuzos si que hubiera venido pero a este no se lo proponía porque además de no tener un puto duro era el típico tío que te busca problemas donde quiera que estés y lo digo por propia experiencia pues en mi primer viaje a Bali tuvimos que darnos de hostias con medio Brasil, ya que en el agua son bastante buitres incluso cuando están fuera de casa, cosa que el Chuzos no aguanta, por lo que se empieza discutiendo, luego amenazando y finalmente a golpes ante la mirada atónita de pacíficos locales que no entienden ni mu. Debían de pensar que éramos gilipollas y desde luego tenían razón. Este era sólo uno de los pocos problemas que tuvimos, pues casi a diario teníamos que salir por patas de algunos bares de Kuta por la manía del chuzos de fumar polen en los putos locales públicos cómo si estuviese en Moratalaz cuando todo el mundo sabe lo peligroso que es esta clase de actividad en los mares del Sur.

Pero esta vez estaba pelao y por tanto no venía.

Por supuesto el lector habrá advertido que mi generosa invitación a Jos de compartir el dinero era por que estaba convencido que iba a decir que no. Con lo que me costó ahorrar esa pasta como para pulírmelo a medias, ¿De qué?.

En realidad tampoco me costó tanto porque sólo tenía cien mil cucas además del billete, que para pasar un mes está bien pero para dos años iba un poco escaso, no obstante estaba todo calculado porque con lo manitas que soy tenía claro que o Larry o yo encontraríamos curro shapeando tablas o simplemente reparándolas, esto al principio, claro, más adelante ya encontraríamos algo más seguro en algún hotel, de animadores o algo así. Seguro que nos hartaremos de follar.

El autobús salía a las 12:00 y ya eran las 11:00. Me estaba empezando a poner nervioso, no era la primera vez que Larry me dejaba tirado, pero claro nunca en un viaje tan apetecible, creo que ni él ni yo dormimos en las últimas tres semanas presos de la excitación y no era para menos, probablemente éramos los tíos más envidiados de la costa cantábrica. Probablemente no, seguro. Estos pringaos ya te envidian hasta cuando vas a Gijón a clase particular.

A los cinco minutos Larry había llegado con su equipaje, dos fundas dobles y dentro de ellas la ropa, poca, muy poca, en la espalda una mochila muy pequeña con la documentación y la pasta. Se había tomado al pie de la letra mis indicaciones y no llevaba ni unos miserables calzoncillos, nunca había sido muy limpio de todas formas el muy cabrón. No me quiero imaginar lo que va a ser compartir con él los “guarungs” de Padang Padang, con lo estrechos que son, aunque para que quieres más espacio si prácticamente duermes al raso todo los días, (el Ecuador es el Ecuador).

Nos despedimos de todos. La mañana estaba bastante fría y gris, lo que hacía más apetecible lo que nos esperaba.

Subimos a la furgoneta de Jos y nos fuimos a la estación de Autobuses.

La sensación que me recorría cuando poco a poco veía alejarse la playa era muy confusa, una mezcla de pena, alegría, nervios, excitación, todo junto y bien mezclado lo cual me dio un dolor de estomago importante. Me imagino que prácticamente todo el mundo ha tenido el típico dolor previaje. Nada, todos a tomar por el culo, no voy a echar de menos a nadie, así os den y se os quede el mar para siempre, crezca un espigón como por arte de magia encima de la barra y el agua se contamine ….. MAS.

- Hazte un porrito Larry, que dicen que es muy bueno para la gastritis. Decirle a Larry que se hiciera un porrito era como darle un caramelo a un niño, le hacías feliz, sobre todo cuando, como casi siempre, el hachís era ajeno, pues estaba siempre sin un duro, si bien es cierto que esto era por que peseta que pillaba peseta que guardaba.

- Me hago los petas que quieras pero quien tiene materia prima, obviamente él no.

- Tengo yo, además como regalo para el viaje puedes quedártelo y le pasó un par de talegos que Larry se guardó en el bolsillo envueltos en papel albal para que se conservara mejor.

- De eso nada, ese hachís no sale de Madrid, lo único que faltaba sería que nos pararan el la aduana y nos lo encontraran. En España no es que sea un gran problema, pues te lo quitan y punto pero una vez que sales de aquí son muy maniáticos con el tema y precisamente la primera parada es Singapur, que te meten en el talego hasta por escupir en la calle.

- Bueno pues nos lo fumanos todo antes y punto porque a la basura no lo voy a tirar, eso seguro.

- Ya llegamos, hala bajar todo que tengo mucha prisa.

Que prisa ni que prisa, lo que pasa es que se estaba poniendo enfermo por momentos y quería alejar la tentación cuanto antes.

Un abrazo y ya estabamos solos Larry y yo.

Subimos al autobús muy fumaos por lo que el viaje desde Asturias a Madrid se hizo muy cómodo, cuatro horitas que pasaron volando. Nunca me acostumbraré a esa estación donde te deja el autobús, la del Sur, es probablemente el sitio más feo del mundo, pero casi mejor, pues Phantoms me parecerá el doble de bonito. Dicen que esta rompiendo como nunca y que nunca hay más de 7 tíos en el agua. De lo único que te tienes que preocupar es de no comer coral, del sol, de algún que otro tiburón y de los mosquitos por la dichosa malaria, pero que gozada morir comido por un tiburón en algún pico austral o pillar malaria por haber conocido Sumbawa de arriba abajo, además si ya la tienes ya no corres peligro de cogerla y puedes conocer todos los sitios peligrosos. Aunque creo que así pensaba bastante gente que finalmente palmaron víctimas de una variedad mortal que no habían pillado todavía.

En estas comeduras de coco me hallaba, mitad por el colocón, mitad por que me daba la gana, cuando me espabiló mi compañero de viaje, tan fumao como yo diciéndome.

- Tío, ¿Ahora qué?. Para él, Madrid era ya parte de la aventura porque lo más lejos que fue en su vida fue a Rodiles una mañana hace trece años por que creía que estaba al lado de Xagó. Bueno esto quizás sea una exageración pero para que coño me espabila si ya casi había contraído malaria.

Ahora al aeropuerto que el vuelo no espera por nadie.

- ¿No te estás pasando un poco? Si todavía faltan cuatro horas para embarcar.

- Tío, estoy tan ansioso que me da la sensación que si perdemos un minuto nos quedamos en tierra.

Lo de quedarnos en tierra no me lo podía ni plantear, España no nos iba a ver en, por lo menos, dos años. Nada me ata a este país, el mundo es demasiado grande y la vida demasiado corta.

En estas tres frases se resume la filosofía de cualquier surfero, la diferencia es que son pocos los que la ponen en práctica. De eso éramos plenamente conscientes y de ahí el supersubidón.

Cogimos el primer taxi que pasaba por allí y dirección Barajas. La cara de panolis debía ser un poco exagerada por que el fulano este nos cobró dos talegos por adelantado con no se qué excusa del IVA en un trayecto que no superaba los cien duros. Luego nos enteramos que era un taxi pirata que abundan por las estaciones en busca de pringaos a quienes puedan cobrar el triple. Estábamos preparados para regatear en Kuta el precio de las motos, si nos abrasan en casa. En Indo, por lo visto hay que regatear hasta el precio del pan. Lo primero que haríamos nada más llegar sería ir a alquilar dos motocicletas para poder bajar hasta Uluwatu porque la carretera se queda donde el templo y si no tendrán que llevarte los buitres de los locales y eso es una plastada, aunque una vez que llegas al aparcamiento de tierra y doblas la esquina aparece como por arte de magia la izquierda del corner rompiendo interminable sobre la barra de coral, aunque siempre hay peña en el agua, pero coño es que estas en Ulu, baños hasta el anochecer y entre uno y otro papeo en el guarung del “Ketut” de turno, todos se llaman así.

- Larry vete a ver donde está el mostrador de Garuda que yo me quedó con los bultos. No sé por que le encargué que buscara nada si no sabía ni donde estaba, el caso es que a los tres cuartos de hora llegó y me dijo.

- No tengo ni idea donde está el mostrador pero tienen unos baños muy guapos.

En ese momento me entró un escalofrío brutal de pensar que tenía que ir por medio mundo con semejante espécimen, pero por no armar bulla me levante y fui yo mismo a buscarlo. Cuando lo encontré volví y por supuesto me lo encontré durmiendo en el suelo apoyado en la mochila.

- Venga vamos que ya lo encontré y parece que se embarca antes de tiempo.

- Pero ¿Donde estamos?

Para qué contestar, estaba a punto de comenzar el sueño de su vida y no sabía ni donde estaba.

- Espero que no haya control antidoping, porque si no estamos jodidos.

Una vez que pasemos a la zona internacional del aeropuerto a ver, de lejos, las famosas duty free. Joder que guapo, ya estaríamos en territorio extranjero, aunque si es extranjero ¿De qué país? Bueno ya me lo dirán allí.

Nos pusimos en la cola para pasar el detector de metales, nunca me moló demasiado ese trasto pero no teniendo nada que temer me la suda, como no detecte los chicles de menta.

Error, paso yo y la maquinita no suena, pasa Larry, Piiii.

- Deje todo lo que lleve de metal en el mostrador y vuelva a pasar, dijo muy serio un Guardia Civil que por la pinta de mala hostia debía ser por lo menos General.

Deja la calderilla, el reloj y la cadena y vuelve a pasar, Piiii.

- ¿Seguro que lo dejó todo? Seguro que no, ladrillo de hachís envuelto en papel albal. 2 talegos ni más ni menos.

- Por favor acompáñeme, y se alejó con el general.

El caso es que se lo llevaron a un cuarto detenido.

- Pues si no aparece me voy sin él, mejor, así la pasta me dura más porque el dinero lo tengo yo, si no que se hubiera espabilado. Estoy pensando que con este cambio de planes me voy directamente al Melia de Nusa Dua y me dejo de zarandajas de Guarungs ni hostias, que no hay aire acondicionado y además el hotel está justo enfrente de un picazo que te mueres.

Lo de la solidaridad no era algo muy arraigado en mí.

- Pasajeros con destino Singapur, Dempassar embarquen por la puerta 9.

- Tendré que esperar, me imagino que no le harán perder el vuelo.

En ese momento vi un furgón celular acercarse a la terminal por la zona de los aviones.

- Sin duda le harán perder el vuelo. En el fondo era un putadón por que ir sólo me apetecía menos. Hasta ese momento no me di cuenta que realmente me piraba sin Larry. Mi colega estaba jodido porque estos cabrones lo llevarían a la Comisaría de Barajas pueblo para luego soltarlo, pero el daño ya estaba hecho, el avión se habría pirado.

Cuando la gente comenzó a aproximarse a la tía que recogía las tarjetas de embarque me percaté de un pequeño detalle, la pasta no la tenía yo, sino que estaba en un cinturón de estos con cremallera oculta para que no nos lo levantaran y el cinturón estaba con Larry, y a saber qué más había metido allí ese zoquete, ahora entiendo porqué se lo llevaron.

Embarqué sin más problemas. No tenía dinero pero tenía lo más importante el billete.

Tras un vuelo de 15 horas, dormidas enteras encima de mi vecino, escalas incluidas, aterrice en Dempassar. Joder menudo sabor que tenía el aeropuerto, el avión aterrizó al pie de un palmeral enorme al lado de una playa de agua cristalina, de postal, vi hasta gente surfeando, trajín de tablas por todas partes, parecía el Benidorm del surfing, iba a ser la hostia. Todo estaba tal y como lo recordaba.

Ultimo trámite, pasar la aduana y recoger el equipaje para salir cagando leches para Ulu.

Mientras esperaba en la cola, por que otra cosa no pero cuando viajas no haces más que colas, pensaba:

- Ocho tablas para mi solo, puedo vender 4 y con eso vivo hasta que me busque la vida. Todo tiene solución, nunca hay que dramatizar, además a Larry no le importará que me pula su quiver, y si no ya se las pagaré cuando vuelva, sí vuelvo. Pobre tío, lo que se va a perder, yo aquí y el en Carabanchel, casi lo mismo.

- Hostia, ¿Dónde está el pasaporte? En la mochila de Larry, ¿Cómo no?.

- Pasport please.

- Perdón, es que no lo tengo, el puto pasaporte se había quedado en la mochila de ese mamón, aunque la culpa desde luego era más que mía.

- Por favor, acompáñenos, dijo en un tono preocupantemente amable un chino con uniforme de general que estaba por la aduana, estaba dando con todos los generales.

Le seguí hasta un cuarto muy pequeño, me senté y empezaron a bombardearme con preguntas, que si cómo se me había ocurrido venir sin pasaporte, si tenía drogas, etc, me desnudaron, registraron, ojete incluido, y después de tenerme tres horas allí, me soltaron dándome tres días para abandonar el país.

Por supuesto no podían creer que no tenía pasta para volver, de hecho es que no se creían que no tuviera NADA de pasta, en tal caso este era mi problema.

Debería vender las tablas para pagarme el pasaje, que putada. Desde luego que lo era pero a esas alturas del viaje, empezaba a pensar que tal y como había empezado era mejor volver, aunque por lo menos un bañete caería seguro pues Ulu estaba muy cerca, luego ya me ocuparé de venderlo todo. Tres días no son los tres años previstos, pero dan mucho de sí.

Una vez fuera de la aduana me dirigí a la cinta transportadora de equipajes a por las fundas, y como no, allí no había ni rastro de mi quiver, que raro, ahora si que estaba completamente perdido, ni tablas, ni pasta, en mitad de Asia y sin conocer a nadie, si quería aventura, eso era una aventura que hubiera firmado el mismo Indiana.

¿Qué podía hacer? Tenía que pensar algo rápido.

Por supuesto hice lo que todo el mundo haría en mi situación, coger un taxi al consulado de España y que sea lo que Dios quiera.

Después de una turné por la isla, porque el hijo puta del taxista se recorrió toda la puta zona dos o tres veces llegamos a un hotel en Nusa Dua, que por lo visto era donde estaba la dichosa embajada, perdón consulado, la embajada estaba en Yakarta. Le hice entender al taxista que le pagaría en breve, pero al tío no le gustó la idea por lo que su sonrisa amable se tornó en una cara oscura y amenazante, pero tras una ardua negociación me dejó bajar, debería de pagarle el doble por la espera haciéndome entender que ay de mí si no le pagaba. Cómo no esté el cónsul ya me puedo preparar.

Por suerte para mí, si estaba, lo demás fue fácil, apareció mi quiver, lo vendí rápidamente, pues el único vuelo que salía para España salía esa tarde y al día siguiente por la noche estaba en Madrid otra vez, joder que fácil es vender ocho tablas, sobre todo cuando vendes cada una por diez talegos, vaya cara de gilipolladas me quedó. Por supuesto en la aduana me estaban esperando dos policías de paisano, avisados por el consulado, que me trasladaron a la comisaría para hacerme unas preguntas sobre un alijo de dos kilos de heroína que encontraron a Larry y que, obviamente pretendía pasar. El muy imbécil no sabía que la heroína se trae de Asia, no se lleva.

A pesar de que juré y requetejuré que yo no sabía nada, me llevaron a Carabanchel donde pasé tres meses en preventiva hasta que mis viejos después de venderlo todo, pagaron la fianza.

El día que llegué a mi casa, estaba pálido y demacrado, las ojeras me llegaban al suelo, mi moral por los suelos, el mar revuelto y gris, mis colegas seguían en el parking de siempre como si nada hubiera ocurrido, con un aspecto de la hostia, parecía que ellos habían sido los que se habían ido de viaje y no yo, ese era mi aspecto antes de irme.

Acababa de llegar del infierno al paraíso perdido que era donde vivía y es que tíos cuando vayáis de viaje CUIDADO CON EL PAPEL ALBAL.

FIN