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Es
sábado y tengo la difícil decisión de ir a surfear
a la Costa Vasca o quedarme un fin de semana más en casa sin hacer
deporte. ¿Voy o no voy? Miro internet, parece que hay algo de previsión
pero no es seguro. Solución: cara o cruz. Toca tres veces cara:
voy.
Quedo con Olivier y Sebastian, dos amigos suizos que viven en Barcelona,
y me recogen en frente del espigón de Masnou. Empieza el viaje.
Llegamos a San Sebastián a la una de la noche y tras llamar a un
sinfín de pensiones nos damos cuenta de que está todo completo.
Abandonamos la búsqueda y nos vamos a tomar una cerveza en el casco
antiguo, lleno como de costumbre. La única solución es dormir
en el coche. Encontramos un lugar un poco tranquilo al lado del mar, son
las cuatro. ¿Olas? aún no lo sabemos. Por suerte, Sebastian
lleva un saco de dormir y decide dormir fuera, al lado del coche, con
el inconveniente de un insoportable olor a meado. Con los primeros rayos
de sol nos despertamos. La noche ha sido fría.
Miramos en Gros pero no nos convence y nos vamos a Zarautz. Allí
hacemos una primera sesión, no hay mucho swell pero el mar está
ordenado y las olas abren bien (difícil de encontrar en Zarautz).
Una vez hemos salido, nos vamos a ver la costa francesa pasando por Gethary,
Biarritz y Anglet. Hay más swell, pero el viento on shore impide
la formación de buenas olas. Pasamos el día en Francia y
más tarde volvemos a Zarautz para hacer el último baño
del día. En el agua nos encontramos a un conocido de Barcelona
y no nos podemos creer lo que nos cuenta. Dice que en Hossegor había
cambiado la dirección del viento y estaban cayendo unos tubos impresionantes.
Después de una buena cena en uno de los garitos de la playa de
Zarautz, encontramos sitio para dormir en el Txiqui Polit. Al día
siguiente, nos levantamos bien temprano con la sensación de haber
descansado un poco más.
Llegamos a Hossegor, el día es perfecto: viento off shore, un sol
de pleno verano y poca gente en el agua con olas que llegan al metro.
Después de surfear toda la mañana, en ocasiones absolutamente
solos, vamos a comer al Rock Food. Pedimos dos Pipeline, un Occy y una
Lisa (aquí hasta los platos tienen nombre de surfers). Por la tarde,
baja un poco la marea, el sol continua picando y queda un mar glassy con
olas de metro y medio hasta dos metros. Aunque cansados, no desaprovechamos
la ocasión. Impresionante, en el agua disfrutamos con el espectáculo
por parte de algunos locales (tubos, cut-backs
). Después
de ver que las condiciones de viento vuelven a cambiar y se queda un mar
desordenado, volvemos a Zarautz para dormir. Esta vez sí descansamos
(ocho horas, lo mismo que las dos noches anteriores juntas).

Ya
es martes, último día, aunque por el ritmo que llevamos
parece mucho más. En Zarautz, el viento es off shore y hay buen
swell pero decidimos ir a Roca Puta (pasado Getaria y Zumaia). Es un spot
que parece un poco peligroso por el fondo de rocas y el tamaño
de las olas, pero al subir un poco la marea, entramos. ¡Y que olas!
una derecha larga y potente, pero bastante fácil y que nunca cierra.
Lo mejor del viaje.
Antes de volver a Barcelona hacemos una última sesión en
Gros, nada que ver con lo anterior pero bien. Aquí acaban tres
intensos días de surf en la Costa Vasca, agur.
Marcel
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