País Vasco y Landas. Días 19-20-21 de mayo 2002.

Es sábado y tengo la difícil decisión de ir a surfear a la Costa Vasca o quedarme un fin de semana más en casa sin hacer deporte. ¿Voy o no voy? Miro internet, parece que hay algo de previsión pero no es seguro. Solución: cara o cruz. Toca tres veces cara: voy.

Quedo con Olivier y Sebastian, dos amigos suizos que viven en Barcelona, y me recogen en frente del espigón de Masnou. Empieza el viaje.

Llegamos a San Sebastián a la una de la noche y tras llamar a un sinfín de pensiones nos damos cuenta de que está todo completo. Abandonamos la búsqueda y nos vamos a tomar una cerveza en el casco antiguo, lleno como de costumbre. La única solución es dormir en el coche. Encontramos un lugar un poco tranquilo al lado del mar, son las cuatro. ¿Olas? aún no lo sabemos. Por suerte, Sebastian lleva un saco de dormir y decide dormir fuera, al lado del coche, con el inconveniente de un insoportable olor a meado. Con los primeros rayos de sol nos despertamos. La noche ha sido fría.

Miramos en Gros pero no nos convence y nos vamos a Zarautz. Allí hacemos una primera sesión, no hay mucho swell pero el mar está ordenado y las olas abren bien (difícil de encontrar en Zarautz). Una vez hemos salido, nos vamos a ver la costa francesa pasando por Gethary, Biarritz y Anglet. Hay más swell, pero el viento on shore impide la formación de buenas olas. Pasamos el día en Francia y más tarde volvemos a Zarautz para hacer el último baño del día. En el agua nos encontramos a un conocido de Barcelona y no nos podemos creer lo que nos cuenta. Dice que en Hossegor había cambiado la dirección del viento y estaban cayendo unos tubos impresionantes.

Después de una buena cena en uno de los garitos de la playa de Zarautz, encontramos sitio para dormir en el Txiqui Polit. Al día siguiente, nos levantamos bien temprano con la sensación de haber descansado un poco más.

Llegamos a Hossegor, el día es perfecto: viento off shore, un sol de pleno verano y poca gente en el agua con olas que llegan al metro. Después de surfear toda la mañana, en ocasiones absolutamente solos, vamos a comer al Rock Food. Pedimos dos Pipeline, un Occy y una Lisa (aquí hasta los platos tienen nombre de surfers). Por la tarde, baja un poco la marea, el sol continua picando y queda un mar glassy con olas de metro y medio hasta dos metros. Aunque cansados, no desaprovechamos la ocasión. Impresionante, en el agua disfrutamos con el espectáculo por parte de algunos locales (tubos, cut-backs…). Después de ver que las condiciones de viento vuelven a cambiar y se queda un mar desordenado, volvemos a Zarautz para dormir. Esta vez sí descansamos (ocho horas, lo mismo que las dos noches anteriores juntas).


Ya es martes, último día, aunque por el ritmo que llevamos parece mucho más. En Zarautz, el viento es off shore y hay buen swell pero decidimos ir a Roca Puta (pasado Getaria y Zumaia). Es un spot que parece un poco peligroso por el fondo de rocas y el tamaño de las olas, pero al subir un poco la marea, entramos. ¡Y que olas! una derecha larga y potente, pero bastante fácil y que nunca cierra. Lo mejor del viaje.
Antes de volver a Barcelona hacemos una última sesión en Gros, nada que ver con lo anterior pero bien. Aquí acaban tres intensos días de surf en la Costa Vasca, agur.

Marcel